Torrado o el oficio de trabar al contrario

Disputar una jugada con Gerardo Torrado es un acto de valentía. Su ímpetu y fuerza exigen al máximo. Su labor se coloca al borde de los límites. Este seleccionado nacional juega al estilo de la vieja escuela de pasa el balón pero no el hombre y a veces ninguno de los dos.
De Gerardo no podemos contar la historia aspiracional del jugador de las colonias populares que sueña con ser futbolista profesional para ser alguien en la vida. Basta con conocer su apellido, Torrado Diez de Bonilla, para saber que su infancia fue sin carencias pero sus valores lo llevaron a ser perseverante y nunca se rindió para llevar a cabo su plan de vida.
Nació el día del niño (30 de abril) de 1979 y al cumplir la mayoría de edad debutó con los Pumas en el estadio Universitario de San Nicolás de los Garza (Nuevo León), enfrentando a Tigres.
Al no ser un talento de barrio, la construcción futbolística de Torrado fue académica y salió graduado de la entonces fértil y útil cantera universitaria.
Fue al mundial juvenil de Nigeria, en 1999. Ese mismo año dio el brinco a la mayor y adquirió una inusual confianza en sí mismo. En México, los futbolistas jóvenes, por lo general, obedecen y dejan en manos de terceros su destino. Torrado, siempre bajo la representación de su propio padre, quiso jugar en Europa y no le importó picar la dura piedra de las divisiones inferiores de la península, cuando en México gozaba de cierta comodidad profesional con Pumas.
Llegó al Tenerife, un equipo de segunda división desconocido en México, hasta que Gerardo lo dio a conocer. Tenerife no es parte del territorio peninsular español. Es una pequeña isla que está frente a la costa del noroeste africano, en las famosas Islas Canarias, y que logró el ascenso a la gran liga cuando el mexicano ocupó la contención.
La reestructuración del equipo para afrontar el reto no fue justa con Torrado. Nunca vio acción en la primera división y, de tajo, decidió partir e intentarlo en otro lado. Así llegó al Polideportivo Ejido, el penúltimo escalón hacia la Liga de las Estrellas. Fue el Sevilla el que lo puso donde él quería en el 2002 y a su vez fue premiado con un lugar en la selección de Javier Aguirre que participó en el mundial de Corea-Japón 2002. Anotó un gol contra Ecuador y sacó de quicio a Francesco Totti y Alessandro del Piero en el partido contra Italia.
Se le empezó a conocer como el borrego por su cabellera tan enchinada que parecía lana, aunque el mote era la analogía perfecta de su forma de jugar, y más se justificó cuando decidió raparse sin complejos.
Lo que muchos vaticinaron como una loca aventura por el viejo continente de un joven de clase acomodada se convirtió en un gran ejemplo de carácter y perseverancia.
De Sevilla partió con una vasta experiencia dentro y fuera del campo. Pasó al Racing de Santander y se convirtió en titularísimo, sin embargo La Volpe no lo llamaba. El mundial de Alemania estaba en puerta, hasta que por fin, ocupó su lugar en la Copa Confederaciones disputada un año antes del magno evento.
Para conseguir su participación en una segunda Copa del Mundo, el Borrego regresó a México tras una buena oferta de Cruz Azul y con la intensión de estar siempre presente en la lista del técnico nacional. Finalmente jugó tres de los cuatro encuentros de la selección en la antigua Germania.
Torrado tiene una cuenta pendiente consigo mismo. No ha podido ser campeón de liga. Estuvo dos veces muy cerca con Cruz Azul, pero fueron derrotados en la gran final.
La Máquina cementera cayó en una depresión profunda que ni la fórmula de Torrado ha podido contrarrestar. Últimamente los árbitros se han mostrado poco tolerantes con el estilo del Borrego y ha sido castigado, pero el juego requiere de fuerza y pundonor, de ese oficio de trabar al contrario, estrictamente bajo el pacto de caballerosidad que rige al futbol.

Nombres de batalla

Siempre, los apodos han acompañado a los seleccionados nacionales. Desde el Trompo hasta el Principito, todos con una buena dosis de creatividad e ingenio. En algunos casos, el mote ha sellado la personalidad del futbolista y el sentido del distintivo de estos nombres de batalla ha dado pie a la creación de verdaderas leyendas.
Buscaremos proporcionarte una lista de apodos raros, elegantes y curiosos en la que podrás agregar los que nos falten y crear una divertida y hasta nostálgica base de datos.

Rafael Garza Gutiérrez “Récord”
Miguel Alatorre "La Venada"
Juan “Trompo” Carreño
Antonio Azpiri “El León de las Canchas”
Óscar “Yori” Bonfiglio
Hilario “Moco” López
Luis “Pichojos” Pérez (Padre de Mario “Pichojos” Pérez)
Corenelio "Coneja" Cuevas
Raúl “Pipiolo” Estrada
Lorenzo “La Yegüa” Camarena
Guillermo “Perro” Ortega
Felipe “Diente” Rosas
Manuel “Chaquetas” Rosas
Luis García Cortina “Tití”
Marcial “Ranchero” Ortiz
Alfredo “Viejo” Sánchez
Ignacio “Calavera” Ávila
Luis “Pirata” de la Fuente
Adalberto “Dumbo” López
Jaime “Tubo” Gómez
Antonio “La Tota” Carbajal
Pedro “Siete Pulmones” Nájera
Isidoro “Chololo” Díaz
Héctor “Chale” Hernández
Crescencio “Mellone” Gutiérrez
Alfredo “Pistache” Torres
Carlos “Monito” Carús
Raúl “Pina Arellano”
José “Jamaicón” Villegas
Alfonso “Pescado” Portugal
Enrique “Loco” Sesma
Ingancio “Cuate” Calderón
Guillermo “Tigre” Sepúlveda
Arturo “Cura” Chaires
Ignacio “Gallo” Jáuregui
Guillermo “Chato” Ortiz
Felipe “Pipis” Ruvalcaba
Alfredo “Fello” Hernández
Antonio “Piolín” Mota
Alberto “Pato” Baeza
Tomás “Fumanchú” Reynoso
Gustavo “Halcón” Peña
Aarón “Ganso” Padilla
Javier “Kalimán” Guzmán
Javier “Cabo” Valdivia
Javier “Pierna Fuerte” Sánchez Galindo
Javier “Chalo” Fragoso
Rafael “Guama” Puente
Octavio “Centavo” Muciño
Arturo “Gonini” Vázquez Ayala
Hugo Sánchez “El niño de oro”
Fernando “Sheriff” Quirate
Tomás “Jefe” Boy
Francisco Javier “El Abuelo” Cruz
Alfredo “Capitán Furia” Tena
Javier “El Vasco” Aguirre
Adolfo Ríos “El arquero de Cristo”
Miguel “Piojo” Herrera
Luis “Matador” Hernández (antes le decían “Pájaro”)
Carlos Hermosillo “El grandote de Cerro Azul”
Jesús “Cabrito” Arellano
Claudio “Emperador” Suárez
Andrés “Principito” Guardado
Rafael Márquez “El Kaisser Azteca”
Alberto “Venado” Medina
Francisco Javier “Maza” Rodríguez
Francisco “Kikín” Fonseca
Adolfo “Bofo” Bautista
José Antonio “Gringo” Castro
Óscar “Conejo” Pérez
Óscar “Kevin” Rojas
Israel “Yaguer” Martínez

Es un hecho que hay muchos más, haz memoria y apúntalos.

Oldoni Stachelski

Aline Arnot escribió una interesante columna, en mediotiempo.com, sobre el origen del nombre Leandro. Y es que del brasileño naturalizado mexicano que juega con los Pumas y es seleccionado nacional se sabe poco.
Leandro significa “hombre-león” en griego. Leo + andros = Leandro. Aunque algunos autores aseguran que es una deformación del nombre Alejandro.
El Augusto tiene orígenes romanos. "Augustus", su significado es "Aquel que ha sido consagrado por los augures (sacerdotes romanos que auguraban el porvenir según el vuelo de las aves)" o "Aquel que es venerado y respetado".
Lo que sí, casi nadie sabe es que se apellida Oldoni Stachelski. Los Oldoni vienen de Italia. Actualmente hay un jugador brasileño que está figurando en el mapa mundial del futbol llamado Pedro Oldoni, nada que ver con nuestro personaje, sólo que nacieron en la misma tierra. Ellos dos, junto al italiano Corrado, son los únicos futbolistas con este apellido que aparecen las listas de los 110 mil resultados de las búsquedas del apellido “Oldoni” por internet. Por cierto, más detalles sobre la historia del apellido no están disponibles en la red.
Stachelski, apellido probablemente polaco, hubo un Stachelski (Dave) jugando futbol americano en la NFL. Fue novato del año en el 2000 y acabó perdido en los Santos de Nueva Orleans. Y así se apellidaba Joshep, un fiel seguidor del Chicago Fire, equipo de Cuauhtémoc Blanco, quien murió a los 60 años en marzo de 2007.
Leandro Augusto Oldoni Stachelski nació el 18 de agosto de 1977 en Paraná, Brasil. El León de México se lo compró al Botafogo y después pasó a Pumas entre una encarnizada pugna de promotores. El dueño de los panzas verdes lo quería vender al Atlas pero finalmente acabó en Ciudad Universitaria. Él mismo cuenta que nunca fue bueno para la escuela y que su padre lo puso a trabajar en el taller mecánico de la familia de donde salió para perseguir, por siempre, al balón de futbol.

Borja, no falles

Las crónicas recuerdan que cincuenta y cinco mil personas vitorearon el empate de la selección mexicana con Francia en el pasto sagrado de Wembley, durante el mundial Inglaterra 1966. Para los ingleses fue muy oportuno que México le arrebatara un punto a los franceses, rivales directos de grupo en la primera ronda y más porque el equipo de la rosa había empatado, también, con Uruguay, en la apertura de la competencia.
El merecido empate tuvo lugar el 13 de julio de 1966. Francia mandó una formación 4-2-4 a la batalla mientras que Trelles formó un 4-3-3 con Calderón en la portería; Chaires, Peña, Núñez y Hernández en la defensa; Díaz, Mercado y Reyes en la media; Fragoso, Borja y Padilla al ataque.
No se habían rebasado los primeros diez minutos cuando el sistema de pases rápidos y largos del equipo mexicano puso a prueba a los franceses. Aarón Padilla remató de cabeza y el balón pasó rozando el travesaño.
Ahora sí, al minuto 49 los mexicanos cimbraron Wembley. “No falles Borja, no falles” gritaba Don Fernando Marcos en su narración sentida. “Gol de México”, cantó el erudito. Uno a cero sobre Francia. Un sueño que duró 13 minutos, solamente.
la zaga nacional tuvo una pifia, entregaron la pelota. A 16 metros fuera del área, Hausser disparó, el balón tocó el palo izquierdo y empataron los galos en el minuto 62. Pero Francia nunca pudo acomodarse en el campo. Jugó extremadamente lenta y su defensa sufrió con el adelantado, veloz e impredecible Enrique Borja, quien era detenido mediante recursos fuera de reglamento.
Los contragolpes mexicanos fueron de alta peligrosidad, pero la enjundia aniquiló la contundencia.
Uno a uno en la catedral del futbol, un resultado que se festejó en el Reino Unido porque México cayó bien en las exigentes gradas de Wembley.

Pirata

Se dice que el Pirata Fuente ha sido el jugador más portentoso que ha tenido México. Tenía tal potencia en las piernas que saltaba más alto que cualquier portero y sabía que el balón estaba a su servicio. Fue seleccionado nacional de 1934 a 1950 y su historia está tejida de leyendas.
Luis de la Fuente y Hoyos nació el 17 de enero de 1914 en el Puerto de Veracruz. De niño pasaba sus ratos jugando entre los barcos de cabotaje, propiedad de sus abuelos. De ahí viene el apodo que lo ha hecho inmortal.
El Pirata fue uno de los futbolistas más completos. Hábil y potente. Dueño de gran resorte, buen cabeceador, goleador nato. Gran pasador, con una precisión en que se conjuntaban la justeza de su servicio y la intención del mismo.
Empezó a jugar con el Aurrerá, y se siguió con el Real Club España, América, Marte y Veracruz del futbol mexicano y de Racing de Santander (España), Atlético Corrales (Paraguay) y Vélez Sarsfield (Argentina), en el extranjero.
Equipo al que llegaba lo hacía campeón o por lo menos lo libraba del descenso. Sus goles eran decisivos.
Acudió con el representativo nacional a Roma, en donde fueron eliminados por Estados Unidos para la Copa del Mundo de 1934. Realizó una gira por España en 1948, específicamente en Madrid y en Bilbao.
Se casó el 17 de abril de 1945 con Olga Varela, con quien procreó cinco hijos: Luis, Segundo, Antonio, Manuel y Olga.
De él se decía que vivía en la fiesta, que podía salir al campo después de una noche de juerga y dar un partidazo. Su condición física y fortaleza lo convirtieron en ídolo.
No pudo sorprender en las copas del mundo porque en su época se atravesó la guerra. Para 1950 pudo haber tenido participación pero el técnico no lo aprovechó. Estuvo activo durante 21 años y se retiró a los 38 años con sus amados Tiburones Rojos. Ese día lloró. Le dolió profundamente dejar el campo pero al futbol le dolió mucho más perderlo.
Decían los médicos que su fuerza estaba simbolizada en su corazón porque el corazón del Pirata era más grande de lo normal. Tal vez por eso el 28 de mayo de 1972, cuando su corazón falló, Luis de la Fuente tenía que partir. Ese domingo se guardo silencio en todas las canchas mexicanas porque había muerto el jugador más portentoso de nuestro futbol.
No tuvo Di Stéfano una mejor concepción del futbol, ni una elegancia superior a la de Luis de la Fuente. Lo único que Di Stéfano tuvo de más fue publicidad. Siempre decía el prestigiado periodista Don Antonio Andere, que punto de referencia tan importante para tener un contexto de la grandeza del Pirata.

Radiografía del Apertura 2009

Más de 500 futbolistas nutren el campeonato mexicano de primera división. Hay equipos en 13 estados de la república mexicana. Ciudad Juárez es el punto ubicado más al norte del territorio y Cancún el del sur.
La liga tiene representantes de 13 países de América, incluido México, y uno de África.
Son 436 mexicanos, 41 argentinos, 11 brasileños, un camerunés, 8 chilenos, 9 colombianos, dos ecuatorianos, 4 estadounidenses, un guatemalteco, un hondureño, un panameño, 12 paraguayos, 11 uruguayos y dos venezolanos.
Dentro de los mexicanos hay un mexicano-canadiense, Isidro Sánchez del Puebla, hijo del famoso Chelís.
Los naturalizados son 12, sólo 3 no pueden ser seleccionados nacionales.
El Apertura 2009 será la liga de los Pepes. El nombre más común es José. Por lo menos tres decenas de futbolistas tienen el José como primer nombre.
La edad promedio está en 25 años y medio. 58 jugadores tienen 23 años, esta es la edad que más se registra. Ellos nacieron en el año en que México organizó el mundial de 1986.
El futbolista más viejo del torneo es el portero argentino del Toluca, Hernán Cristante, con 40 años, seguido de Sergio Bernal y Adrián Martínez, guardametas de Pumas y San Luis, respectivamente, con 39. El más joven es Martín Luis Galván, quien a sus 16 años es delantero de Cruz Azul, y debutó en el 2008.
La estatura y el peso promedio marcan un metro con 75 centímetros y 70 kilogramos.
Si bien no tenemos al futbolista más pequeño del mundo, se dice que es el argentino Diego Buonanotte con su metro 59 de estatura y 60 kilogramos de peso, sí podríamos tener a dos de los más ligeros. Según los registros, el Negro Sandoval, de Morelia, y el Chícharo González, cargan sólo con 54 kilogramos encima. El más chaparrito es el nayarita de Estudiantes, Elgabry Rangel, mide un metro con 61 centímetros. Vale la pena recalcar que la estatura media del varón mexicano, según una encuesta del Instituto de Antropología e Historia, es de un metro con 57 centímetros.
Para este torneo ha llegado un gigante que supera a todos en peso y altura. Carlos Gustavo Bossio, portero argentino de los Gallos Blancos, mide un metro con 95 centímetros y pesa 95 kilos. Los mexicanos más altos de la competencia son un guardameta, un defensa y un delantero. Adrián Martínez, de San Luis; Horacio Cervantes, de Cruz Azul; y Jesús Eduardo Zavala del Monterrey. Ninguno rebasa los 90 kilogramos.
Sin duda alguna que México es autosuficiente en arqueros. De los 56 registrados, 52 son porteros nacionales.
En la defensa contamos con 154 mexicanos y 17 extranjeros.
El centro del campo está poblado por 154 locales y 38 de otros países.
Tenemos 80 delanteros hechos en México y 44 importados, siendo en esta posición donde los porcentajes muestran los déficits de especialistas propios. Un tercio de todos los atacantes viene de otro país.
El origen de los jugadores mexicanos arroja datos interesantes. Sólo tres estados no tienen representantes en primera división. Campeche, Tabasco y Tlaxcala.
El Distrito Federal sigue siendo el principal proveedor de futbolistas con 113 elementos nacidos en la capital del país. Jalisco es el segundo con 84, de estos 63 son de Guadalajara. El tercer semillero es Michoacán, con 31. Nuevo León tiene 25 representantes y Sinaloa 23.
Jaguares es el equipo que más representantes de los estados tiene. Hay jugadores de 15 entidades, aunque sólo uno de Chiapas.
En cambio hay 25 chilangos en Pumas, Atlas tiene 13 jugadores de Jalisco, Estudiantes tiene 12 oriundos, Morelia cuenta con 11 michoacanos y Monterrey reclutó a once neoleoneses.
Atlante sigue atado a la capital con 13 nacidos en el Distrito Federal y sólo dos originarios de Cancún.
Como dato curioso, de los 18 equipos de primera división, sólo la Universidad Autónoma de Guadalajara no tiene futbolistas del Distrito Federal y San Luis no cuenta con jugadores de Jalisco.
Yucatán es el estado que aporta tan sólo a un jugador. Se trata de William Paredes y está con rayados de Monterrey.
La experiencia de los futbolistas en primera división nos proporciona datos relevantes. Sergio Bernal es el único con 20 años de trayectoria activa y es el portero mexicano con más torneos jugados. Pavel Pardo e Israel López son los medios más experimentados, ambos debutaron en 1993. Los defensas Joel “Tiburón” Sánchez, Duilio Davino y Carlos Humberto González son los más veteranos. Están activos desde 1994. Jared Borgetti y Juan Francisco Palencia son los decanos del ataque con 15 años en primera división.
Los hermanos Uscanga, del Atlante, originarios de Coatzacoalcos Veracruz, son los que debutaron, apenas, el torneo anterior.
Para este Apertura 2009 hay por lo menos 50 jóvenes esperando la oportunidad de mostrarse. Por cierto, hay una información precisa. Durante los años en que Javier Aguirre estuvo en España, 249 futbolistas mexicanos que hoy están registrados, debutaron en primera división, por eso es tan importante que un seleccionador nacional tenga pleno conocimiento del entorno local, porque es aquí donde se encuentra la base de nuestro futbol.

El Legado del Germania

Mientras el ejército alemán peleaba con el mundo su primera guerra mundial, inmigrantes germanos en México jugaban al futbol.
Los equipos de la colonia inglesa como el Reforma o el Rovers, quedaron desintegrados porque sus hombres arriesgaban o perdían la vida en el campo de batalla.
Sólo las oncenas de origen español recién creadas como el España y el Centro Deportivo Español y el legendario Pachuca, así como el Club México nutrían la liga mayor del armonioso Distrito Federal.
Pero fue un hecho que sin la representación británica, el espectáculo había perdido calidad, y no solo eso, también disminuyó la rivalidad.
En aquellos años, donde por cierto también se libraba una revolución en México, eran pocos los alemanes radicados en este país. El hipismo y la cultura física eran sus disciplinas favoritas pero el futbol fue aceptado de inmediato.
Un 15 de junio de 1915, en el Casino Alemán, la junta directiva resolvió crear el equipo Germania.
El impacto fue inmediato. Les decían los fúnebres porque vestían de negro. Hombres de extraordinaria corpulencia, no muy jóvenes, hay que decirlo, pero sumamente disciplinados, así eran los germanos.
Uno de ellos, el centro delantero, Carlos Mues tenía nombre de guerra. Por sus potentísimos tiros y el empuje arrollador de su juego, Cañón 42 le decían, un arma que causaba estragos en los campos de batalla justo en esos momentos.
Sólo Lázaro Ibarreche del Club España, le daba competencia al artillero teutón y ambos eran la gran atracción de las canchas.
Para 1916, al Germania no le bastaban los rivales de la capital y se lanzó a conquistar las provincias. En todos lados fueron recordados por mucho tiempo.
Pero a pesar de su férrea disciplina y la fortaleza de sus hombres, los fúnebres no podían coronarse. El España era un equipo que arrollaba con todos.
Para 1917, el Germania empezó a desarrollar sus fuerzas inferiores de la mano del entrenador Richard Obert. El equipo entrenaba en los llanos de la Condesa y luego se mudaron a la colonia de los Doctores.
Todos los fundadores eran alemanes pero como mencionamos previamente, ya no eran tan jóvenes y poco a poco se empezaron a retirar. La colonia alemana no era numerosa y como era necesario ser miembro del Club Alemán para pertenecer al Germania, se empezó a perder la homogeneidad y la potencia del caballeroso equipo, como lo llamó Don Juan Cid y Mulet en el Libro de Oro del Futbol Mexicano.
Fue entonces, iniciados los años 20, cuando empezó la importación de jugadores de futbol en México. El orgullo alemán estaba en juego y sus reglas eran muy estrictas por lo que antes de enrolar a futbolistas nacionales, miraron a Europa para completar su oncena estelar.
Y así llegó el que podríamos nombrar como el primer jugador importado para jugar expresamente. Fue un futbolista del Glassoper de Suiza, su nombre Kurt Friedrichs, de origen suizo, por supuesto.
También llegaron otros como Nack, Merck, el famoso Catori, Kleinbaum y hasta un checo de nombre Wondrack.
Los intentos por renovar al Germania no pararon ahí. Hartos de ser llamados los fúnebres cambiaron el negro solemne y pasaron por el amarillo con azul para llegar finalmente al blanco con una franja negra y el águila imperial al centro.
Para 1925 el Germania abrió sus puertas a jugadores mexicanos, Ricardo Navarro, alias Alegrías, fue el primero y le siguieron Ruiz, Mendoza, Pichojos Pérez y tiempo después un muchachito apasionado del futbol llamado Fernando Marcos.
El Germania nunca pudo ganar un campeonato oficial. En uno de los muchos cismas de la liga mayor derrotó al Asturias pero el título nunca le fue reconocido. Sólo una copa conquistada en Guadalajara guardó en sus vitrinas cuando eran dirigidos por Juan Luqué de Serrallonga, entrenador de la selección mexicana en los Juegos Olímpicos de 1928 y en el primer Campeonato Mundial de 1930 en Uruguay.
En 1932, la fama de los germanos había quedado en el recuerdo. Los aficionados ya no los seguían y el profesionalismo disfrazado de los demás cuadros fue rechazado por un Germania que se cobijó en el amateurismo, condenándose entonces a desaparecer. Pero hay que agradecer que un grupo de alemanes dijeran no a la guerra contra el mundo y prefirieron pelear con honor y dignidad dentro de un campo de futbol en México.

San Miguelito de los Balones

San Miguelito es un rancho escondido a 10 kilómetros de Querétaro. Hay señalamientos que te encaminan hacia allá. Luego viene la terracería, después los llanos secos y quebrados, la milpa que no crece porque el agua no ha caído; la ferretería que ha cerrado porque el dueño se ha ido de mojado para sobrevivir y el perro que sigue al pie del negocio esperando la llegada del que se fue.

En el camino hay un indicio de lo que nos trajo a este lugar. Alguien sacrificó su parcela y la convirtió en campo de futbol. Si esperábamos ver un templo erigido a San Miguel, estábamos muy lejos de encontrarlo. En San Miguelito estaban encomendados al juego del balón.

Hace más de cuarenta años, sus habitantes aprendieron a coser balones. Los campesinos encontraron en este oficio una entrada de dinero extra que les dio comodidades y la forma de no caer en la tentación de irse lejos, escapando de la desesperanza. Hubo trabajo para todos, la comunidad se convirtió en un pueblo balonero.

Pero los tratados de libre comercio con el mundo empezaron a estrangular, sin piedad, a todo aquel que seguía trabajando con las manos. El artesano del balón que tarda más de tres horas en confeccionar uno jamás podrá competir con la máquina que fabrica más 100 en el mismo tiempo, de eso se olvidaron aquellos quienes pactaron sin advertir que esto ocasionaría la ruina de comunidades que vivían de lo poco que sabían hacer.

Hoy el panorama es desolador como las calles de San Miguelito, como su arroyo seco, como sus talleres yermos, como la penosa realidad de vivir en un país con 70 millones de pobres.
De los 70 talleres baloneros hoy quedan seis. De los 700 balones que vendía cada uno al mes, hoy, si bien les va, les piden 100.

Domingo y Moy son baloneros desde niños. El presente señala que podrían ser la última generación de artesanos y con ellos terminaría la mayor tradición de este rancho escondido, pero tienen esperanza y exponen un plan para no perecer.

Este es San Miguelito, un pueblo que logró vivir del futbol hasta hace apenas algunos años.

Chiquito Bossio

El travesaño le queda a cincuenta centímetros. Si levanta los brazos seguro que lo toca. Por eso es el hombre más alto del Apertura 2009 y probablemente el más grande que ha llegado a México en la historia.
Un metro y noventa y cinco centímetros con 100 kilogramos de peso dan a origen a su inofenisvo apodo: Chiquito.
A México habían llegado arqueros de gran tamaño como el uruguayo Robert Dante Siboldi o recientemente Jorge Vava, ambos con 193 centímetros de altura.
Chiquito Bossio está 20 centímetros por encima del promedio de estatura de la liga mexicana. Si llegase a enfrentarse con Elgabry Rangel, le sacaría 34 centímetros y 38 kilos de peso.
Sin embargo, en el mundo hay otros gigantes que lo rebasan, como los delanteros Koller y Zigic, quienes miden dos metros con dos centímetros.
Dicen que la altura entorpece la habilidad del cuerpo, que los jugadores de estatura controlan menos sus movimientos. Aquí vemos al gigante en pleno entrenamiento.
En este torneo su meta ha sido vencida en varias ocasiones. Le juegan de cerca, parece que ese es su punto vulnerable.
Desde los 12 años se calzó los guantes para tener siempre el balón en sus manos. Carlos Gustavo Bossio es uno de los refuerzos de los Gallos Blancos del Querétaro. Ha llegado a México tras una larga trayectoria que inició en el modesto club cordobés de Las Palmas y con el precedente de haber sido el guardián de Lanús hasta la llegada de Mauricio Caranta.
Está en el colofón de su carrera, su sueño es retirarse con Belgrano, y por ahora unos buenos billetes mexicanos no le harán mal en los tiempos por venir. Pero para él eso es lo de menos.
El "Chiquito" ya hizo historia y está en los libros. Fue seleccionado argentino estando en segunda división, en 1994, algo nunca antes visto en aquel país.
Pero sobre todas las cosas, es el primer arquero en convertir un gol de cabeza en el campeonato argentino, logrando el empate a uno para Estudiantes, contra Racing, un inolvidable 12 de mayo de 1996.
Dice que es de esos hombres que les sobra confianza para pelear. Bossio buscará ser titular en un equipo que ya tenía un arquero en los tiempos del ascenso. Lupe Martínez fue el héroe en la final por la categoría. Una lesión le impidió arrancar el torneo y estarán disputando el puesto como caballeros. Aunque para el mexicano los siete centímetros que le lleva el argentino no son ninguna ventaja.
Siempre convergen así las historias en el futbol. Sólo hay un lugar bajo el marco y 10 más en el resto del campo.
El Gigante Cordobés buscará dejar algo más para su propia historia, por lo menos de entrada, hoy es el futbolista de mayor tamaño en México.

La leyenda del Búfalo


Si Landon Donovan ha sido el azote de los mexicanos en los últimos diez años, en 1934, los goles de un solo hombre nos dejaron fuera de la Copa del Mundo, estando ya en Roma. Aldo “Búfalo” Donelli ha sido un fantasma que pocos invocan en esta rivalidad con los vecinos, aquí les platicamos su historia.
“Buff” Donelli nació el 22 de julio de 1907, en South Fayette Township, Pennsylvania. Al ser hijo de inmigrantes italianos, ya traía el futbol en los genes. En 1925 empezó su trayectoria con el Morgan F.C.; después pasó al Cleveland Slavia, luego al Curry Silver Tops. En 1936 jugó con el Heidelberg SC y dejó las canchas con el Castle Shannon en marzo de 1938, para hacer historia en el futbol americano.
Un 25 de mayo de 1934, en el estadio Fascista de Roma, el “Búfalo” nos embistió con todo su poder. El partido eliminatorio definitivo contra los Estados Unidos se jugó en Italia, país sede de la Copa del Mundo. Donelli le anotó cuatro tantos a la selección mexicana. Y así, con un cuatro a dos en contra, México quedó fuera del mundial, aunque el equipo estuvo ahí para presenciarlo desde la grada, al final de cuentas ya habían pagado el viaje completo, pensando que se iba a calificar.
Hablar de Aldo Donelli era traer e invocar muy malos recuerdos. El asunto se trató de olvidar con el silencio.
Pero Donelli escribió su propia historia y no solo en este deporte. También jugó con el ovoide y se convirtió en un coach legendario. Fue halfback y por supuesto, se encargaba de patear los puntos para su equipo colegial, el de la Universidad de Duquesne, en Pittsburgh, Pennsylvania. En la NFL jugó y entrenó a la vez, con Pittsburgh Steelers. También se enroló con Philadelphia Eagles.
Como entrenador estuvo con Duquesne University, Columbia University, Boston University, y en la NFL, con Pittsburgh Steelers y Cleveland Rams. Por cierto, a este último equipo lo dirigió cuando volvió de la guerra. “Buff” Donelli fue reclutado por la armada estadounidense y estuvo en batalla, por un breve lapso de tiempo, durante la Segunda Guerra Mundial.
En 1954, fue ingresado al Salón de la Fama del futbol soccer de los Estados Unidos.
Al retirarse del futbol americano, se desempeñó como publirrelacionista de la PGA y se la pasaba viviendo en Boston, Pittsburgh y Fort Lauderdale, donde falleció el 9 de agosto de 1994, a los 87 años.
Este fue el hombre del que nadie ha querido acordarse porque aun duele la derrota de Roma. Desde entonces, la rivalidad con los Estados Unidos ha estado presente.